Un estudio plantea una vía voluntaria, no coercitiva
Reducir de forma lenta y gradual la población mundial hasta unos 4000 millones de personas para el año 2200, al tiempo que se moderan los impactos de cada individuo, sería el camino hacia la sostenibilidad. Esa es la tesis de un estudio publicado en la revista científica Sustainable Development, de la editorial Wiley, firmado por once investigadores de universidades y centros de Estados Unidos, Grecia, Australia, Canadá, Kenia, Austria, Argentina, Bangladés, China e India, que analizaron datos globales entre 1970 y 2020.
El trabajo encontró correlaciones muy fuertes entre el crecimiento demográfico y el deterioro de ocho indicadores ambientales: la abundancia de fauna silvestre, las emisiones de CO2, el consumo de energía, la huella ecológica, el uso de agua dulce, la extracción de minerales, la producción de plásticos y el uso de pesticidas. Aun así, los autores subrayan que el impacto total es el producto de la población por el impacto de cada persona: una población menor no basta si el consumo sigue disparándose, ya que las naciones ricas consumen muchas veces más recursos que las pobres.
El punto más delicado es que el estudio no propone eliminar personas ni limitar los nacimientos. Sus autores plantean dejar que la población descienda de manera natural a lo largo de varias generaciones, mediante el acceso voluntario a la planificación familiar, la educación de las niñas, el retraso del matrimonio, mejores servicios de salud y una mayor autonomía de las mujeres para decidir si tener hijos y cuándo. Es una diferencia clave frente a programas del pasado que incurrieron en esterilizaciones forzadas y otros abusos.
Los propios investigadores piden cautela: los 4000 millones son una meta propuesta, no un límite científico establecido, y las estimaciones de la capacidad de carga del planeta varían enormemente. La proyección central de la ONU no prevé esa caída este siglo, sino un máximo de unos 10.300 millones hacia mediados de la década de 2080 antes de un leve descenso. Además, las cifras para 2200 se apoyan en parte en proyecciones antiguas, por lo que deben leerse como una dirección de cambio y no como un pronóstico exacto. El objetivo, dicen, es estimular el debate y el optimismo hacia un futuro mejor.
Fuente: Sustainable Development (Wiley) — Estudio