Trabajadores humanitarios continúan asistiendo a civiles en zonas afectadas por ataques y explosivos en Ucrania

Con la invasión rusa de Ucrania en su quinto año, las condiciones en el sur del país se deterioran rápidamente. Olga Scripovscaia, oficial de coordinación de seguridad del Departamento de Seguridad de la ONU con sede en Odesa, comienza cada jornada con la misma pregunta: "¿qué ha cambiado durante la noche?". Tras noches interrumpidas por alertas aéreas, revisa informes de incidentes y monitorea las condiciones en Odesa, Mikolaiv y Jersón, donde el acceso humanitario puede cambiar en cuestión de horas.

Su equipo trabaja las 24 horas evaluando si las misiones pueden proceder de forma segura, trazando rutas alternativas y elaborando planes de contingencia. La mayor dificultad es constante: las amenazas evolucionan. Las minas y los drones de alta precisión obligan a reevaluar rutas sin previo aviso. "Una carretera que hoy es transitable puede no existir mañana", advierte Scripovscaia.

El dilema más difícil es decidir cuándo no ir. Las agencias humanitarias a veces buscan acceder a zonas de riesgo extremo donde la población lleva semanas sin recibir ayuda. "El protocolo me da quizás el 75% de las razones para decir que no", reconoce. "Pero aún guardo el 25% restante en el corazón por esas personas". Cuando una misión se cancela, el trabajo no termina: el equipo busca de inmediato una ruta alternativa o una ventana futura para el acceso.

Scripovscaia, proveniente de un entorno militar, destaca que su perspectiva como mujer sobre el terreno cambia su forma de operar. "Ves lágrimas. Ves emociones. Ves cosas más allá de los procedimientos", afirma. Antes de cada misión difícil verifica no solo los protocolos, sino cómo se sienten sus compañeros. Para ella, esa dimensión humana no es un detalle: es parte esencial del trabajo en uno de los conflictos más peligrosos del mundo.

Fuente: Humanitarios ONU Ucrania misiles drones