El planeta en tensión permanente: guerras, pandillas y civiles bajo fuego en 2025

De acuerdo con el informe 2025 de la ACLED (Armed Conflict Location & Event Data), el conflicto armado y la violencia política continúan ocupando un lugar central en la agenda global, dando forma a un escenario de inestabilidad persistente en diversas regiones del mundo. Esta violencia se manifiesta de manera desigual pero constante, y afecta tanto a países inmersos en conflictos armados abiertos como a aquellos donde el deterioro de la seguridad se ha convertido en un problema estructural y prolongado. Para comprender la magnitud de esta situación, el análisis se apoya en indicadores que evalúan la letalidad, el riesgo para la población civil, la expansión territorial de los enfrentamientos y la diversidad de actores armados involucrados.

Dentro de este escenario de violencia persistente, Palestina, México y Ucrania se mantienen entre los lugares más peligrosos del planeta. El caso palestino resulta especialmente crítico por la amplitud territorial de la violencia, con enfrentamientos y ataques registrados en cerca del 70% de Gaza y Cisjordania. Ucrania y Sudán, por su parte, continúan encabezando los niveles de letalidad global, mientras la prolongación de los combates sigue teniendo consecuencias devastadoras para la población civil y la infraestructura básica.

Uno de los escenarios más complejos es Myanmar, considerado el conflicto más fragmentado del mundo. En el país operan más de 1.200 grupos armados distintos, muchos de ellos involucrados en al menos un episodio violento. Esta extrema fragmentación refleja una profunda pérdida del control estatal y dificulta cualquier intento de negociación o estabilización, al tiempo que incrementa el riesgo de abusos sistemáticos contra la población civil.

Otros países también han experimentado un deterioro significativo de la seguridad. Pakistán se volvió más peligroso para los civiles durante el último año debido al fortalecimiento de insurgencias regionales y a una breve pero intensa escalada de tensiones militares con la India. En Haití, la violencia política provocó más de 4.500 muertes, acompañadas de un aumento de ataques selectivos contra civiles, mientras que Ecuador registró más de 1.000 asesinatos adicionales respecto al año anterior, impulsados principalmente por la expansión de la violencia de pandillas.

A escala global, los conflictos se mantuvieron relativamente estables en número, pero no en impacto humano. Entre diciembre de 2024 y noviembre de 2025 se contabilizaron más de 200.000 eventos de violencia, que causaron, según estimaciones conservadoras, más de 240.000 muertes. Las guerras en Ucrania y Palestina concentraron más del 40% de estos episodios, mientras que las guerras civiles en Myanmar y Sudán continuaron en niveles elevados. Paralelamente, la violencia criminal organizada se consolidó como un factor central del conflicto en países como Brasil, México, Haití y Ecuador.

Aunque algunos escenarios han registrado reducciones temporales en el número de muertes, como ocurrió en Gaza tras el alto el fuego, la violencia sigue siendo estructural, persistente y altamente volátil. De cara a 2026, múltiples países y regiones permanecen bajo observación ante el riesgo de nuevas escaladas armadas, disturbios políticos y crisis humanitarias, en un contexto internacional donde la capacidad de respuesta sigue siendo limitada frente a la magnitud del problema.

Fuente: El planeta en tensión permanente | ACLED