Dos vacunas avanzan a ensayos mientras la ONU refuerza la respuesta
La epidemia de ébola que azota el este de la República Democrática del Congo avanza a un ritmo sin precedentes. Declarada el 15 de mayo en la provincia de Ituri, se ha convertido en la mayor registrada en la historia del país. Hasta el 1 de agosto se habían confirmado 3748 casos y 1657 muertes, con una tasa de letalidad cercana al 44%. En una sola semana se notificaron 567 nuevos casos y 296 fallecimientos, las cifras semanales más altas desde el inicio del brote, que ya alcanza cinco provincias, con Ituri concentrando cerca del 90% de los contagios.
Frente a esa rapidez, la respuesta cambia de escala. La organización International Medical Corps, con apoyo de la ONU, abre en Ituri el mayor centro de tratamiento jamás establecido en el país, con 100 camas, mientras la OMS reforzó otro centro en Nizi hasta las 80 camas y se instaló un centro de tránsito en un campamento de desplazados. Cerca de 17.000 contactos permanecen bajo vigilancia, el 80% controlados a diario. Aun así, la OMS considera que la movilización sigue siendo insuficiente: 151 trabajadores sanitarios se han contagiado y 44 han muerto.
El virus prospera en las grietas de la crisis. Se propaga en una región donde los conflictos armados, los desplazamientos —unas 270.000 personas viven en asentamientos en Ituri— y el colapso de los servicios públicos se alimentan mutuamente, a lo que se suman la movilidad de las zonas mineras y los flujos transfronterizos. Ataques recientes llegaron a perturbar el funcionamiento de un centro de tratamiento en Nia-Nia. Uno de los mayores desafíos sigue siendo ganar la confianza de las comunidades para que los enfermos acudan pronto a consulta.
En el frente científico hay esperanza. Dos vacunas contra la variante de Bundibugyo del virus han comenzado sus primeros ensayos en humanos: una desarrollada por la Universidad de Oxford y el Serum Institute of India, que arrancó el 24 de julio en el Reino Unido, y otra de Moderna, prevista en Canadá. Se suman ensayos de tratamientos y de un fármaco tras la exposición. Gracias a protocolos preparados de antemano, la investigación avanza más rápido que en brotes anteriores, aunque la OMS advierte que los resultados tardarán meses y que la respuesta no puede esperar a las vacunas: el acceso temprano a la atención ya salva vidas.