El calentamiento global extiende el riesgo de incendios a regiones europeas antes consideradas húmedas y seguras, con consecuencias para la salud pública
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió, en un artículo publicado el 2 de septiembre de 2026, que el calentamiento del clima está expandiendo la amenaza de los incendios forestales hacia regiones europeas tradicionalmente frías y húmedas, antes consideradas a salvo de este tipo de desastres. Aunque los grandes incendios de la temporada se concentraron en países propensos como Francia y España, las condiciones de sequía están elevando el riesgo en muchas otras zonas del continente.
Un ejemplo citado es el incendio ocurrido el 15 de julio de 2026 en los montes Cairngorms, en Escocia, que requirió la movilización de más de 500 bomberos. El fuego amenazó a la localidad de Nethy Bridge, de unos 600 habitantes, nueve días después de iniciarse, y pasó más de un mes antes de que fuera declarado oficialmente bajo control. Especialistas advierten que la vegetación de los paisajes verdes o húmedos puede volverse altamente inflamable durante periodos secos, calurosos y ventosos.
Según la investigadora del Centro Leverhulme para Incendios Forestales, y las autoridades sanitarias, la prevención exige una coordinación en la gestión del territorio y no solo una respuesta de emergencia. La OMS, a través de su División de Seguridad Sanitaria, ha organizado 38 talleres nacionales de evaluación de riesgos en Europa desde 2018; países como Chipre e Irlanda completaron recientemente los suyos por primera vez, señal de que la amenaza se percibe ya en latitudes antes ajenas al problema.
Las autoridades insisten en que los incendios y el calor extremo constituyen crecientes amenazas para la salud pública, y no meras emergencias ambientales. A escala global, las emisiones asociadas a incendios aumentaron un 60 % entre 2001 y 2023. El mensaje de la OMS es que la preparación, la gestión del paisaje y la cooperación internacional resultan esenciales para reducir el impacto de un fenómeno que, con el avance del cambio climático, deja de ser exclusivo de las regiones cálidas del sur de Europa.