La refrigeración sostenible emerge como alternativa clave para reducir emisiones y enfrentar el calor extremo
En el marco de la COP30, celebrada en Belém, Brasil, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) presentó el informe Global Cooling Watch 2025, un análisis detallado sobre el crecimiento acelerado de la demanda mundial de refrigeración y su impacto directo en la crisis climática. El documento advierte que los sistemas actuales de enfriamiento, altamente dependientes de energías contaminantes y tecnologías ineficientes, se han convertido en un factor crítico que podría profundizar la emergencia ambiental si no se implementan soluciones sostenibles.
El informe señala que la demanda global de refrigeración podría triplicarse para 2050, impulsada por el aumento de la población, el crecimiento económico en países emergentes y la intensificación de las olas de calor extremo. Esta expansión tendría consecuencias severas: la generación de aproximadamente 7 200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, una presión considerable sobre las redes eléctricas y un avance más rápido del calentamiento global. A ello se suma que el uso indiscriminado del aire acondicionado, especialmente en zonas urbanas densamente pobladas, puede agravar la contaminación y crear una dependencia energética insostenible.
La paradoja del enfriamiento —necesario para proteger la salud humana, pero perjudicial si se basa en combustibles fósiles— es uno de los puntos centrales del informe. El PNUMA explica que recurrir al aire acondicionado como única respuesta al calor extremo no solo incrementa las emisiones, sino que también perpetúa un ciclo de vulnerabilidad climática: a mayor temperatura, mayor consumo eléctrico, más emisiones y, por ende, más calentamiento. Este círculo vicioso sitúa a la refrigeración como una prioridad global y un desafío urgente de política pública.
Ante este panorama, el PNUMA propone una Ruta de Refrigeración Sostenible, enfocada en tres pilares fundamentales: tecnologías limpias, sistemas pasivos y equipos altamente eficientes. Las tecnologías limpias incluyen el uso de refrigerantes con bajo potencial de calentamiento global y dispositivos que reducen drásticamente el consumo eléctrico. Los sistemas pasivos, por su parte, abarcan soluciones arquitectónicas como techos fríos, ventilación natural, sombreados, aislamiento térmico y diseño urbano inteligente, que permiten mantener temperaturas interiores más bajas sin recurrir a sistemas mecánicos.
El informe destaca que la adopción de equipos de alto rendimiento energético —que ya existen en el mercado, pero requieren regulaciones más estrictas para su implementación masiva— podría reducir de forma considerable el consumo eléctrico mundial destinado a la refrigeración. La transición hacia energías renovables, especialmente la energía solar, se presenta como un complemento indispensable para garantizar que los sistemas de enfriamiento no continúen dependiendo de fuentes contaminantes.
Según las proyecciones del PNUMA, la implementación integral de estas estrategias podría disminuir hasta un 97 % de las emisiones proyectadas para el sector de refrigeración de aquí a 2050. Además de su impacto ambiental, el organismo calcula que estas medidas permitirían obtener ahorros económicos billonarios debido a la reducción del consumo energético, una mayor eficiencia tecnológica y una prolongación de la vida útil de los equipos. Esto convertiría la refrigeración sostenible en una de las herramientas climáticas más costo-efectivas del siglo XXI.
Finalmente, el informe subraya que la refrigeración sostenible no solo es una respuesta climática, sino también una estrategia de protección social. En un mundo donde las olas de calor son cada vez más frecuentes y peligrosas, contar con sistemas de enfriamiento resilientes, accesibles y sostenibles es esencial para proteger la salud pública, reducir la mortalidad asociada al calor extremo y fortalecer la capacidad de adaptación de las comunidades. La COP30 marca así un punto de inflexión para que los países adopten políticas más ambiciosas y avancen hacia un futuro en el que la refrigeración no contribuya a la crisis climática, sino que forme parte de su solución.
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