El cambio climático emerge como una crisis global de derechos humanos advierte la ONU y científicos
Con el agravamiento de los impactos climáticos en todo el mundo, crece el consenso de que el cambio climático no solo representa un colapso ecológico, sino también una profunda crisis de derechos humanos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, planteó esta preocupación ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, al cuestionar si los Estados están adoptando medidas suficientes para proteger a las personas frente al caos climático. Su conclusión fue contundente: la respuesta global sigue siendo insuficiente.
La científica medioambiental Joyeeta Gupta sostiene que los efectos del cambio climático deben entenderse como violaciones directas de derechos fundamentales. Gupta, copresidenta de la Comisión de la Tierra y representante de alto nivel de la ONU para la ciencia, la tecnología y la innovación vinculadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, subraya que los marcos climáticos internacionales han ignorado durante décadas el impacto humano de la crisis ambiental.
Según la investigadora, acuerdos clave como la Convención Marco sobre el Cambio Climático de 1992 y el Acuerdo de París se centraron en metas de temperatura sin cuantificar adecuadamente los daños a las personas. Aunque el límite de 1,5 °C fue reconocido como más seguro que el de 2 °C, Gupta advierte que incluso ese umbral pone en riesgo la supervivencia de pequeños Estados insulares y comunidades altamente expuestas al aumento del nivel del mar y a eventos extremos.
Investigaciones publicadas por Gupta en la revista Nature indican que superar un aumento de un grado Celsius ya implica la vulneración de los derechos humanos de más del 1% de la población mundial, alrededor de 100 millones de personas. No obstante, el planeta superó ese límite en 2017 y se encamina a rebasar los 1,5 °C en la próxima década, con consecuencias irreversibles como el deshielo de glaciares y el colapso de ecosistemas.
La científica también destaca que la justicia climática está estrechamente vinculada al desarrollo. Derechos básicos como el acceso al agua, la alimentación, la vivienda y la electricidad dependen del uso de energía, lo que obliga a replantear los estilos de vida y los patrones de consumo de las sociedades más ricas. De no hacerlo, advierte, la desigualdad climática se transforma en una injusticia estructural.
Uno de los efectos más visibles de esta crisis es el desplazamiento forzado. Sin embargo, el derecho internacional aún no reconoce formalmente a los llamados “refugiados climáticos”. Gupta explica que el desplazamiento suele producirse cuando fracasan las estrategias de adaptación y que demostrar la relación directa entre cambio climático y migración sigue siendo un desafío legal, aunque los avances en la ciencia de la atribución están comenzando a cerrar esa brecha.
En este contexto, recientes pronunciamientos de la Corte Internacional de Justicia han marcado un punto de inflexión al señalar que el cambio climático debe evaluarse junto con las obligaciones en materia de derechos humanos. Para Gupta, este giro jurídico es fundamental, ya que establece que no se puede hablar del clima sin considerar a las personas, y refuerza la idea de que la estabilidad climática debe reconocerse como un derecho colectivo esencial para el funcionamiento de la sociedad.
Fuente: De cómo amenaza el cambio climático nuestros derechos | Noticias ONU