México presenta nuevas metas climáticas rumbo a la COP30, pero continúa lejos del Acuerdo de París

Durante la COP30, celebrada en Belém, Brasil, México anunció su Contribución Determinada a Nivel Nacional 3.0 (NDC 3.0), con la cual propone reducir sus emisiones de dióxido de carbono entre un 31 % y un 37 % para el año 2035. Aunque esta actualización representa un intento por fortalecer sus compromisos climáticos, especialistas señalan que llega en un momento crítico y tras un largo periodo de rezagos en materia de mitigación y adaptación al cambio climático.

El país acumula un historial de incumplimientos significativos. Entre 2020 y 2030, México no logró alcanzar la cuota de generación con energías limpias que había prometido, ni tampoco logró reducir el metano en los niveles comprometidos. Este gas, con un potencial de calentamiento global muy superior al del dióxido de carbono en el corto plazo, representa una de las debilidades estructurales de la política energética mexicana. La falta de avances en estos sectores ha contribuido a la percepción internacional de que los esfuerzos del país son insuficientes frente a la emergencia climática global.

El índice internacional Climate Action Tracker, uno de los referentes más estrictos en materia de evaluación climática, clasifica actualmente las políticas de México como “críticamente insuficientes”. Esta calificación responde a la continuidad en prácticas que favorecen la producción de hidrocarburos, los subsidios a combustibles fósiles y la modernización de refinerías. Tales medidas, señalan los analistas, resultan incompatibles con las trayectorias necesarias para limitar el calentamiento global a 1.5 °C, objetivo central del Acuerdo de París.

La brecha entre los discursos oficiales y las acciones energéticas implementadas se ha vuelto cada vez más notoria. Mientras México afirma su compromiso con la transición energética, las inversiones estructurales siguen concentradas en infraestructura petrolera y en la consolidación de un modelo energético dependiente de combustibles fósiles. Esta contradicción genera dudas sobre la viabilidad de las metas anunciadas y sobre la capacidad del país para alinearse con las exigencias actuales de la descarbonización global.

De mantener la trayectoria actual, México corre el riesgo de no cumplir sus compromisos internacionales y retrasar su avance hacia la neutralidad de carbono prevista para 2050. La brecha entre lo planificado y lo ejecutado podría ampliarse aún más si no se implementan políticas que aceleren el despliegue de energías renovables. Además, la falta de una estrategia contundente de adaptación aumenta la vulnerabilidad del país ante fenómenos extremos como sequías, huracanes y olas de calor, cuya frecuencia se intensifica debido al cambio climático.

Para revertir este panorama, expertos coinciden en que México necesita adoptar medidas más ambiciosas y coherentes con la ciencia climática. Entre las acciones prioritarias se encuentran el fortalecimiento de la infraestructura para energías renovables, la eliminación gradual de subsidios a combustibles fósiles, la transición hacia sistemas de transporte sostenible y la implementación de mecanismos robustos de rendición de cuentas climática. Solo así será posible cerrar la brecha entre los compromisos internacionales y la realidad energética del país.

En este contexto, la COP30 se convierte en un punto decisivo para evaluar el rumbo climático de México. El nuevo NDC 3.0 podría marcar el inicio de una transformación profunda o, por el contrario, reforzar la percepción de un compromiso insuficiente ante la mayor amenaza global del siglo. La credibilidad del país dependerá de su capacidad para convertir promesas en acciones concretas y urgentes, acordes con la escala de la crisis climática.

Fuente: El PAIS – COP30 México