Combu demuestra que el cacao indígena puede liderar la acción climática desde la Amazonía
En la isla de Combu, a pocos minutos de Belém, el cacao ha dejado de ser un simple producto agrícola para transformarse en un símbolo de resistencia climática, identidad cultural y desarrollo sostenible. En este pequeño territorio amazónico, la Asociación Filha do Combu —fundada por la emprendedora indígena Dona Nena— ha demostrado que es posible construir una economía local sólida sin recurrir a la tala del bosque. Su fábrica de chocolate opera bajo principios agroecológicos, integrando árboles nativos, cultivos complementarios y la acción natural de polinizadores, además de emplear mayoritariamente a mujeres de la comunidad.
Este modelo productivo, que combina tradición y sostenibilidad, ha permitido a Combu posicionarse como un referente de economía forestal comunitaria. El chocolate artesanal que allí se produce no solo respeta los ciclos naturales del bosque, sino que también genera ingresos justos y fortalece la autonomía de las familias locales. La iniciativa ha captado la atención de investigadores, activistas y autoridades por mostrar, en la práctica, cómo las comunidades pueden liderar procesos de conservación sin sacrificar su bienestar económico.
Sin embargo, los efectos del cambio climático amenazan este equilibrio construido con décadas de esfuerzo. La falta de lluvias durante más de dos semanas algo inusual en la región ha reducido la producción de cacao, deformado los frutos y generado preocupaciones sobre la disponibilidad de agua potable. A ello se suma la inestabilidad del suministro eléctrico, que interrumpe la producción y obliga a la fábrica a depender cada vez más de paneles de energía solar para mantener sus actividades diarias.
Estos desafíos evidencian que incluso los modelos ejemplares de sostenibilidad están vulnerables ante fenómenos climáticos extremos. Expertos señalan que fortalecer las capacidades locales, invertir en infraestructura resiliente y ampliar políticas de apoyo a comunidades forestales son pasos fundamentales para evitar que iniciativas como la de Combu se vean comprometidas por factores climáticos ajenos a su control. Las amenazas actuales funcionan como un recordatorio de que la acción climática debe ir acompañada de proyectos de adaptación real.
Durante una visita reciente, la presidenta de la Asamblea General de la ONU, Annalena Baerbock, destacó el caso de Combu como un ejemplo concreto de cómo las soluciones comunitarias pueden integrarse en la agenda climática mundial. Señaló que este tipo de iniciativas demuestra que la transición hacia modelos económicos sostenibles no necesita imponerse desde fuera, sino apoyarse en conocimientos locales que combinan justicia climática, conservación de bosques y crecimiento económico.
El reconocimiento internacional también refuerza un mensaje central: proteger los bosques implica proteger a las comunidades que viven en ellos y dependen de ellos para sobrevivir. Combu encarna esta relación íntima entre naturaleza y cultura, mostrando que los pueblos indígenas no solo son guardianes del bosque, sino también innovadores capaces de liderar modelos productivos que pueden escalar a nivel regional.
La experiencia de la isla evidencia que, cuando se garantiza agua, energía, infraestructura y apoyo institucional, las comunidades pueden convertirse en actores clave para enfrentar la crisis climática global. El cacao de Combu, más que un producto agrícola, es hoy un símbolo de esperanza y un recordatorio de que las soluciones para el clima pueden surgir desde los territorios que históricamente han cuidado la tierra.
Fuente: En la isla brasileña de Combu, los fabricantes de chocolate tienen la clave para la acción climática | Noticias ONU.