Cuando el héroe deja de ser noticia

Durante la pandemia, el mensaje se repetía en todas partes: el personal de salud eran “los héroes”. Lo decían los gobiernos, los medios, los anuncios de televisión. Eran, según se contaba, lo mejor de nosotros, quienes se jugaban la vida entrando a hospitales desbordados mientras el mundo se encerraba por miedo. La palabra “héroe” se usó tanto que parecía un homenaje. Hoy, esos mismos héroes marchan por las calles con pancartas, y una de ellas lo resume todo con una crudeza que duele: “en tiempos de Covid éramos héroes y ahora parecemos delincuentes”.

Lo que piden no es lujo ni privilegio. Piden un salario que alcance para vivir, medicamentos para sus pacientes, insumos tan básicos como material de curación, equipo y hasta uniformes. Piden, en el fondo, poder hacer su trabajo con dignidad: salvar vidas sin que les falte lo esencial para hacerlo. En algunos hospitales trabajan “bajo protesta”, atendiendo igual, pero sabiendo que en cualquier momento puede faltar hasta un analgésico. La paradoja es brutal: quienes cuidan la salud de todos son los que hoy trabajan sin la salud de un sistema que los sostenga.

Y aquí aparece algo que dice mucho sobre nosotros como sociedad. Mientras el personal denunciaba que faltaba hasta lo más simple para atender, la misma institución gastaba millones en publicidad para promover su propia imagen. Dinero para anuncios, pero no para medicamentos. Es el síntoma de una enfermedad más profunda: la costumbre de cuidar la apariencia de las cosas más que las cosas mismas. De aplaudir en el momento emotivo y olvidar cuando ya no hay cámaras.

Porque eso es lo más inquietante: lo fácil que es dar un título y lo difícil que es sostenerlo. Llamar “héroe” a alguien no cuesta nada; cuesta, en cambio, pagarle un salario justo, darle los insumos para trabajar y escucharlo cuando reclama. La palabra sirvió para el momento de miedo, cuando los necesitábamos desesperadamente. Pero las palabras se las lleva el viento apenas pasa la urgencia, y lo que queda es la realidad: los mismos de siempre, trabajando de más y recibiendo de menos.

Detrás de cada protesta hay una historia concreta. Está la enfermera que da la cara ante los reclamos de pacientes cansados de que falten las medicinas, aunque la falta no sea culpa suya. Está el médico que estira los insumos como puede para que alcancen. Está la familia que sale de la farmacia del hospital con una receta que tendrá que pagar de su propio bolsillo. Son las dos caras de un mismo problema: un sistema que falla a quienes lo sostienen y, por lo tanto, falla también a quienes dependen de él.

Quizás la verdadera medida de una civilización no esté en cómo nombra a quienes la cuidan, sino en cómo los trata cuando ya nadie habla de ellos. Recordar lo que vivimos en la pandemia es, para Semiversal, la única forma de no repetir el olvido que hoy sufren quienes nos sostuvieron en el momento más oscuro. Y la pregunta que dejan estas pancartas es tan incómoda como necesaria: si de verdad valoramos a quienes nos cuidan, ¿por qué solo lo recordamos cuando los necesitamos? Porque la gratitud, como demostraron aquellos aplausos que se apagaron en los balcones, no se mide por el ruido de un momento, sino por lo que estamos dispuestos a sostener cuando el miedo ya pasó.

Fuentes
🔗 Expansión – Trabajadores del IMSS protestan por aumento salarial y falta de insumos médicos🔗 La Jornada Estado de México – “En tiempos de Covid éramos héroes y ahora parecemos delincuentes”🔗 Alerta Chiapas – 10 millones en anuncios, ninguno sobre medicamentos🔗 La Aldea de la Información – Quienes cuidan la salud, protestan: un descontento estructural